sábado, 16 de enero de 2010

la vida en blanco y negro

un edificio insólito, en un lugar absurdo, con una seguridad nula, lejos de todo lo que antes teníamos cerca. privado de humor, vacío de contenido, carente de emoción, dispuesto para hacer un trabajo ridículo que a nadie le sirve para nada y que debe esconder motivaciones que uno desconoce, aunque puede intuir sin gran esfuerzo. un complejo metido adentro de un parque en cuyo interior, según normativa oficial y código de edificación y habilitación vigentes de la propia entidad que los agrupa, no se pueden construir oficinas… qué decirte: da para pensar en suicidarse comiendo el pasto de los jardines que nos montaron con canteritos multicolores y estrellitas de navidad, pero uno lo mismo va porque el trabajo es dignidad, siempre que llovió paró, ganarás el pan con el sudor de tu frente (y tus funcionarios pondrán cadenas de panaderías multinacionales con el sudor pero, también, de tu frente). y viva perón, carajo. ahora, hay veces, momentos nomás, como flashes repentinos, en los que yo me pregunto si perdí la cordura o me están jodiendo. resulta que lo único que teníamos para sostener la fe, la esperanza en un mundillo municipal mejor, en que solo es cuestión de acostumbrarse (a que te piquen los mosquitos, te pegué el sol de frente cuando llegás y de nuca cuando te vas, te corra la gota de sudor por la espalda en un bondi donde a todos les corre, no tengas un cajero automático a mano, salvo que estés dispuesto a donarlas, si llueve te cagás mojando y te embarrás hasta el honor) era que teníamos unos ventanales gigantes por donde se filtraba no solo una luz natural de la que carecemos absolutamente en nuestras jaulas hogareñas, sino el sol mismo pero con protección uv incluido. uno se abstraía de la realidad impuesta por unos segundos, evitaba pensar en las distancias recorridas, los derechos avasallados, las humillaciones recibidas, las amenazas proferidas, los sueldos de mierda gastados, y miraba más allá de la ventana: verde, campo, horizonte, pajaritos… con imaginación y un poco de buena voluntad, aquello, te digo, era una postal suiza, los jardines del llao llao en verano. había algunos desperfectos, que no todo puede ser pum para arriba en la viña del señor m, cuando el sol pegaba perpendicular a la jeta de los municipales, pero vamos, que uno sabe defenderse de las inclemencias generales, el municipal tiene sus recursos, qué te pensabas.
mientras esperábamos las cortinas, pensamos en americanas siempre tan prácticas _sobre todo para limpiar_, en romanas, en modernos paneles del tipo oriental… cada uno hacía su adaptación a la hostilidad como podía: gafas oscuras, papel afiche en el vidrio, pashminas pegadas con moco a los paneles, manito visera en la frente… pero ayer llegaron los muchachotes y, de pronto, la dependencia municipal se nubló, se opacó para siempre. polarizaron. sí, polarizaron todos y cada uno de los ventanales del edificio insólito. ¿no son geniales? ¿no resultaron unos cráneos que permanentemente piensan en la ecología, el ahorro de recursos no renovables, el bienestar común y del personal? todas las luces de tubo prendidas el todísimo día. del otro lado de la ventana no sabés si llueve, nieva o llegó el eclipse fatal. yo creo que algo están haciendo del aquel lado del polar y no quieren que veamos. de algún color raro se visten y no conviene que distingamos. algo extraño les pasa pero todavía no sé si es incapacidad, perversión o exquisito sentido del humor. arriesgo que es de puro jodones que son. no, si es como te avisé: si yo te digo que apretés el pomo, apretá nomás porque en la muni todo el año es carnaval. y los días de carnaval, no laburamos.

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