viernes, 29 de enero de 2010

la importancia de tener bandita elástica

hace cuatro horas comencé mis vacaciones municipales. nunca antes tuve tantas ganas de irme a la mierda (¿o de la mierda?). qué lugar quema neuronas, por dior y la virgen de wandanara. hoy llegué y para donde miraba había alguien que me decía: "vení que tengo que contarte un montón de cosas". para empezar, se afanaron dos cámaras digitales de nuestro armario. los de mi área somos cuatro gatos locos y tenemos un mueble donde guardamos, justamente, aquellas cosas que no queremos que nos roben. la calidad y variedad de tales cosas es digna de un análisis exhaustivo que no tengo ganas de hacer. lo cierto es que ahí van desde los expedientes más complicados hasta las sopitas instantáneas, la leche en polvo y la caja de banditas elásticas. de banditas elásticas atesoramos dos cajas: una de tamaño estándar, esas que se usan para todo y que en una dependencia del estado resulta fundamental para sellar paquetes de galletitas abiertos (que también guardamos en el armario). me explico: vos cada tanto notás que ya es tu turno. entonces vas a la máquina tragamonedas expendedora de porquerías, con todo lo que implica utilizar monedas para otra cosa que no sea pagar el boleto de bondi, y comprás un paquete de cerealitas. están los más canutos que compran las agridulces don satur porque cuestan la mitad y rinden el doble. son riquísimas, pero no te las recomiendo si ya cumpliste el año de empleada pública: te ensanchan el orto y empezás a ver la vida cuadradita don satur. de todos modos ya te diste cuenta de que llevas mes y medio comiendo del paquete ajeno así que invertís tu tesoro metálico y te jugás con unas cerealitas paquete grande, las clásicas, nada de esas que vienen con cereales ni la versión pocket. entregás el paquete para que todos picoteen y, con un poco de suerte, quedan algunas. ahí es cuando la bandita elástica tamaño estándar cobra verdadero sentido. si vos guardás las cerealitas restantes sin ponerle una bandita, al día siguiente, cuando te clavás la primera cerealita de la tarde, te morís del asco: húmeda que parece una vainilla sin azúcar vieja mojada en té con leche amargo. en cuanto a las galletitas y la máquina que te pide monedas para dejar que un paquete de alguna porquería se suicide (viste que en esos aparatos los objetos se lanzan al precipicio?, son como una metáfora de los empleados públicos, estamos todos a punto de saltar pero nadie nos bendice con el empujón). jamás entenderé por qué éstas máquinas son heladera. para qué mierda ponen galletitas, caramelos, chicle y pastaflora (o pastafrola, flora es la gata no? siempre me confundo: o es gata frola? o pasta trola, en fin... da para pelotudear post y medio) en refrigerador? te cae el vuelto en moneditas congeladas (otra metáfora pero, esta vez, del salario del empleado municipal). un derroche de energía que no alcanzo a comprender. además, ley de murphy absoluta, la máquina, es decir la heladera, que siempre se rompe es la de las gaseosas, la de las galletitas funciona sin pausa. retomo lo de las banditas elásticas. la segunda caja es de las gigantes, esas sirven para atar expedientes que ya tienen tantas fojas que las carpetas de cartulina se ajaron y está todo despatarrado. nunca se sabe cuándo el presupuesto va a cortarse por la bandita más delgada, así que nosotros escondemos nuestro stock en el armario que, por si me olvidé de decirlo, tiene llave. de esa llave que es más fácil de vulnerar que una samsonite (viste que esas cerraduras de valijas las saltás con un clip _también escondemos cajas de clips en el armario_) hay tres copias. el director del área tiene una, la secretaria tiene otra y existe una tercera por las dudas, que llamamos llavero maestro o principal. igual es medio insólito porque como siempre alguno se olvida el suyo, escondemos el llavero principal en uno de los cajones sin llave, de modo tal que cualquiera más o menos atento, sabe qué tiene que hacer para saltar la cerradura si no encuentra un clip. recordar que la caja de clips está adentro del armario con llave.
cuestión que, entre tantas cosas, guardábamos dos cámaras digitales que suelen NO usarse en los procedimientos. hoy llego y una de las cosas de la lista de cosas que tenían para decirme es que desaparecieron las putas digitales. cáspitas. a mi no me pareció para nada raro. raro me parece que no desaparezcan más cosas, si todos los viernes, por ejemplo, alguien se roba la lamparita del baño de mujeres por qué habrían de respetar dos cámaras que nadie usa que fueron compradas por el estado a un precio insólitamente caro con funciones absurdamente inútiles para el uso que jamás se le daba en la dependencia que me contiene. además, si vamos al fondo de la moral y las buenas costumbres, alguien que te roba la coca cola fría de la heladera, sabiendo que es tuya, que irás a beberla en horarios donde no conseguirás ni ese, ni ningún líquido capitalista en cuatro manzanas a la redonda, ese individuo impiadoso que se caga en vos como en su propia madre, que no considera hurto beberse la gaseosa que pagaste con tu mínimo y pedorro salario en negro, por qué no habría de pensar igual a la hora de llevarse una cámara, una resma, un teléfono, un monitor... porque el armario tiene llave y la heladera no? le vamos a tener que poner candado a la coca cola?
y bueno, lo que digo es que puede pasar, que no podía dejar de pasar. el problema es que, como están inventariadas (lás cámaras, no las galletas) le pueden hacer un sumario al que firmó como responsable de las mismas. menos mal que no hay que firmar por cada abrochadora que desaparece porque, de ser así, estaríamos todos sumariados. bah, a mi no me pueden sumariar una mierda porque soy contratada, ahora ni siquiera tengo contrato de locación de servicio, el nuevo dice "contrato de obra". vaya uno a saber qué diferencias ilegales hay entre uno y otro. lo que es monotributo tengo que pagar lo mismo, lo mismo pero 100 pesos más porque aumentaron. yo digo, aumentan el porcentaje de aportes jubilatorios o siempre te descuentan el tanto por ciento? te aumentan el sueldo, aumenta proporcionalmente el aporte pero porque te aumentaron el salario, ¿verdad? bueno, acá no te aumentaron una mierda el contrato, pero el monotributo: 100 pesos más. es de locos. yo creo que no está lejos el día en el que para ir a trabajar a ese lugar de mierda, voy a tener que hacer un depósito en alguna cuenta del banco ciudad.
la cosa es que las cámaras no están más y yo le digo a la secretaria de mi jefe:

_ ¿justo hoy tuvieron que desaparecer?
_ no se sabe cuando desaparecieron_ me dice, hoy nos dimos cuenta.
_ sí, pero justo hoy cuando fue justo ayer que nuestro jefe se olvidó el llavero puesto en la cerradura del armario y yo me fui última, después de cerrar el armario, dejarle las llaves en el segundo cajón y mandarle sms para que las encuentre? a mi me da que pensar si no habré sido yo la que se las birló.

y ahí nos empezamos a pelear con la secre porque ella decía que no, que más podría haber sido ella que es la que tiene las llaves y siempre abre y cierra. nada, encerradas en un tema que no tiene más vueltas, en definitiva a ninguna de las dos nos pueden sumariar, me fui al otro rincón a escuchar los otros chismes de la fecha: un grupete nuevo, de enviados del partido que nos gobierna, le quita el control de un área al área donde está las persona que me chusmea el chisme, dejaron cesante a un pobre infeliz que estaba a meses de jubilarse, parece que el supremo de pollo necesita reducir personal y cesantearon a 150 municipales. toca toca, la suerte es loca, aunque nunca le toca al ñoqui, le cagaron la vida a un pobre tipo en edad de jubilarse. además uno que está señalado como coimero importante, pasado de frula que llega duro y ordinario como canapé de polenta, cagó a literales patadas en el culo a uno de los delegados gremiales. qué gremio, me preguntarás. no sé, son demasiados temas para un solo post, no pretendás entender en un ratito lo que yo no pude comprender en dos años y medio. por si fuera poco, me pasé toda la tarde de ayer escribiéndole una nota a un compañero sorete, hijo del pasado de frula, que seguro es el que me toma la coca cola zero, pidiéndole que tenga a bien ser mínimamente compañero. en fin, una larga notita en la que le sugería que haga como hacemos todos, ya que no lo hacemos por la patria, lo hacemos por nuestros compañeros, en tanto podríamos ser nosotros mismos, entonces cumplimos, mínimamente, con algunas pautas de solidaridad. el chabón, que se pasa más horas en la cama solar que en el laburo, y va cuando quiere, cosa que no podemos hacer todos, se hace el cómico y te carga en la planilla que vos después tener que usar para tu propio laburo, chistes. ponele, en lugar de cancha de river tipea: gallinero. entonces a vos te piden que busques cuántas veces en el año fuimos a la cancha de river y no encontrás los datos para confeccionar la estadística, o encontrás menos idas que las que corresponden, porque no se te ocurrió poner gallinero en la búsqueda. pero el tipo es la mar de gracioso. no tengo el gusto de conocerlo, solo sé que la mitad del equipo femenino que tiene ese placer dice que es desagradable y la otra mitad que está para comérselo entre dos panes. yo lo voy hacer untar con pasta de gusano y se lo voy a dar de comer a los de higiene alimentaria, vas a ver como no le quedan ganas de pelotudear. cuestión que le dejé mi cartita para que, por lo menos, cuando se cague en mí, sepa cuál es mi nombre, mi apellido y mi razón social. total que vienen las compañeras de área del galán de pelito versión 2010 y me dicen:
_ nos cagamos de risa con tu nota, pero el hijo de puta no trabaja más en nuestra área.
_ ah no? a dónde lo pasaron?
_ a la tuya.
podés creer? se puede tener tanta mala suerte? no, si estoy meada por un dinosaurio con síndrome de vejiga iquieta, me apuesto medio paquete de bizcochos marolio que cuando vuelva de mis vacaciones me lo voy a encontrar ahí, instaladito en mi escritorio, con su color artificial de silver solarium menemista y a punto de convertirse en el hijo malcriado del director, porque el padre, el mismísimo que, pasado de frula, cagó a patadas en el ojete al delegado, se presentó a concurso para ser el nuevo director. los resultados se sabrán el 15 de marzo, pero a mi me da que reúne ampliamente las condiciones: no hace un carajo y cobra alto sueldo, tiene un hijo seudo ñoqui, para ser ñoqui total le falta que el padre ascienda a director, pasado de éxtasis y pastillita azul que te da miedo. para mi que de ahí viene lo de "duro"... sospechado de coimero importante, parece que cobraba cinco lucas por levantar la clausura de tu comercio o pyme, lucas verdes, eh, que somos coimeros pero no boludos... yo no creo que le falte un solo ítem para consagrarse director general y su hijo pelotudo importante. así que imaginate. no veo la hora que terminen mis vacaciones para volver a la dignidad que solo me puede dar el trabajo y la equidad social.

miércoles, 27 de enero de 2010

no saber para dónde correr

el otro día me robaron en el descampadito que tengo que cruzar para llegar a la dependencia municipal. lo que más me impactó no fue el atraco sino la claridad que tuvo el caballero para convencerme de que lo más atinado, en mi lugar, era ofrecerle algún dinero a cambio de que él siguiera su camino para que yo pudiera completar el mío sin ningún tipo de desvíos. me repitió por lo menos cuatro veces algo así: "no lo intentes porque no tenés para donde correr". la versión de su advertencia, que no hacía más que describir mi situación concreta, cambiaba algunas palabras pero siempre haciendo foco en que no tenía salida. había que negociar con él que, me parece, tampoco vislumbra demasiados lados hacia donde disparar. la situación revelaba tanta orfandad por parte de los dos que no me quedó emoción para desencajarme por otro motivo que no fuera ese.
tuve tiempo a pensar una reacción, colocarme en una postura de negociación que en otras circunstancias me hubiera costado sostener.
en el hombro derecho tenía la mochila con mi agenda, mi billetera, el documento, el registro, las tarjetas... si se la llevaba, me esperaban horas de trámites, la paranoia de pensar que tendría mis llaves y podría encontrar mi dirección en algún puto papel de la mochila. en el bolsillo izquierdo del jean guardaba un billete de cien pesos, escondidito para que no fuera el premio de algún punga de los que abundan por once y nunca faltan por cualquier lugar. de pura casualidad y porque los días anteriores me había sorprendido si un peso y sin un cajero cerca con ganas de comerme una fruta y sin un billete para pagarla, la mayoría de las veces la situación habría terminado en el arrebato de la mochila sin mediaciones. así que, cuando tuve al señor en el punto justo, casi compartiendo mi punto de equilibrio, le dije que estuviera tranquilo, que le daba el dinero, que se fuera sin perder la calma. el hombre no podía perder algo que no tenía, parecía estar en otra dimensión, no necesariamente la que proporciona el exceso de alcohol porque no le sentí olor a tetra brick, así que me da que pensar que estaría pasado de paco o alguna sustancia barata. digo pensar porque nunca vi a nadie pasado de paco, solo me lo imagino en función de lo que dicen en los noticieros que es un tipo dado vuelta por la pasta base. no sé, me quedó la sensación de que con solo empujarlo con mi dedo índice podría haberlo derribado sin peligro, pero no quise hacer la prueba, mucho menos equivocarme. y tampoco, creo, quise tocarlo. ni quería que me toque. bastante tenía con lo que me había tocado su sentencia: "no tenés para donde correr". el caballero tomó el billete y siguió su camino igual de tranquilo o inquieto como lo había comenzado, repitiendo la idea de que no tenía escapatoria, con lo que más tarde me puse a pensar si me estaría hablando a mi o se estaría repitiendo a sí mismo que se había quedado sin opción. quizá fue eso y yo imaginé un enfrentamiento que no habría existido a no ser porque su línea y la mía necesariamente tenían que cruzarse en un punto común. me quedé temblando, buscando a alguien que me diera alguna mínima sensación de reparo o compañía en el sentimiento, pero no había nadie en el descampado, salvo el caballero que se alejaba con mis cien pesos. todavía me faltaba cruzar la rotonda y no me sentía del todo lúcida como para lograrlo sin fallas. esperé que llegaran varios vehículos que estuvieran de acuerdo en respetar el semáforo, cosa que pocas veces sucede, pero esta vez se me dio así que, protegida por una línea de coches dispuestos a darme paso, avancé. todavía quedaban varios metros para llegar a la entrada del laburo y, aunque las gafas negras me protegían y me moría de ganas, no pude llorar. entré y saludé como todos los días con la extraña sensación de estar mintiendo cuando respondía "bien"" a la pregunta de rigor: "¿cómo te va?" no tenía ganas de contarle a cualquier hijo de vecino lo vulnerable que podía hacerme una situación tan común como que un señor excedido en alguna sustancia desconocida para mí cruzara mi camino advirtiéndome que no me quedaba otra que pasar por el mismo punto en el mismo momento. dejé la mochila en mi escritorio y me fui al baño, esa cosa de confesionario que da el baño, solo una vez encerradita en el inmundo habitáculo me sentí segura para llorar un rato para, recién después, poder buscar a alguien a quien contarle que no es posible que sea tan fácil sacarle cien pesos a alguien, que no está bien que nadie nos cuide. yo me sentí sola y lo que más me indignó fue saber que al día siguiente me sentiría igual y a ninguna autoridad le significaría mínimamente nada. lo conté y rápidamente se armó la situación esperable: las quejas, la sugerencia de hacer la denuncia, inútil como cualquier denuncia, el compañero que se ofrece a acompañarte a la comisaría, la comisaría de película, con dos oficiales para tomar mil denuncias, leerle derechos a siete con portación de cara y una sola impresora para hacer palpable cualquier documentación. uno de los que estaban a cargo nos canjeó salir de testigos por apurar el trámite. el intercambio fue más o menos así: nosotros firmamos que se le leyeron los derechos a dos detenidos y un oficial dejó de hacer lo que estaba haciendo para tomarme la denuncia. nos aseguramos que firmar aquel papel no nos implicaría en futuras visitas a los juzgados y que podíamos escuchar la lectura de derechos sin que los chorros nos vieran y, minutos después, un chico de 23 años me tomó la denuncia. le pregunté para qué servía y me dijo que absolutamente para nada, que la causa terminaría archivada un ratito después en la fiscalía de turno puesto que, consultando qué me convenía, decidí decir que no era capaz de reconocer al caballero sin salida.
y nada, conté el episodio tantas veces como compañeros de laburo frecuento, expliqué cómo venía el "ladrón" y desde dónde llegaba yo, respondí preguntas del tipo: tenía arma, te lastimó, te robó los documentos, necesitás que te preste plata, para qué le diste, te apuntó, tenía navaja, era pendejo, estaba bien vestido, te amenazó, te hizo algo (y puntos suspensivos, creo que los puntos se referían a si me había manoseado o algo por el estilo). respondí estoicamente comprendiendo que, puesta del otro lado, hubiera preguntado las mismas pelotudeces. el director me mandó a decir que hiciera la denuncia, no sé si como una obligación civil o como un permiso otorgado "la dejo que haga la denuncia o le ordeno que haga la denuncia" y que me daría los 100 pesos. quizás pensó que mi tranquilidad existencial vulnerada volvería a su lugar si mi pantalón volvía a tener cien pesos. quién sabe. supongo que también me quejaría si no me los hubiera ofrecido. lo cierto es que el lunes el director me llamó a su despacho, me hizo las preguntas de rigor, me dio los 100 pesos prometidos y me dijo que lo sentía mucho pero que era lo que había, que lo mismo me podría haber sucedido en recoleta, que ahí es donde estábamos trabajando ahora y que quedarme o irme era una decisión pura y exclusivamente mía. que si me sentía insegura, bueno, buscara otro trabajo. sonó desubicado de su parte pero en el fondo, y en las formas, le agradecí, y le agradezco, la sinceridad. cuando uno tiene claro que nadie más que uno va a cuidar su integridad, cualquiera sea: física, moral, sicológica... entiende que no hay pataleo ni denuncia que valga. o se cruza el descampado o no se cruza nunca más.
ahora hay un compañero de la tarde que me busca y me ofrece sin invasiones acompañarme para que crucemos juntos a la hora de irnos. entre los dos buscamos a una compañera más y vamos tranquilos, sabiendo que pasarnos nos puede pasar cualquier cosa pero que si estamos juntos al menos nos sentiremos menos solos, huérfanos pero de a tres.

lunes, 18 de enero de 2010

municipal ¿se nace o se hace?

ya tengo muchas características de municipal. a saber:
a veces, me pinto las uñas en la oficina.
robo galletitas de los cajones vecinos.
protesto por todo.
todavía no había empezado el año y ya estaba organizando vaquita para comprar una tevé para mirar los partidos del mundial.
me pongo contenta cuando alguien cumple años, solo porque quizá, a lo mejor, quién sabe... trae budín.
no soporto que me saquen la silla y le escribo mi nombre con liquid paper. además de hacerlo para marcar territorio y poner orden, lo hago porque no le encuentro otra función al liquid papper. yo soy municipal, papi, si me equivoco no me doy cuenta y si me doy cuenta, tacho y a otra cosa mariposa.
pierdo todas las biromes que me dan. y cualquiera que tenga un compañero se me ocurre mía. todavía no le digo "me robaste la abrochadora", pero lo pienso. es decir: todas las abrochadoras son iguales pero si a mi me falta la mía y el de al lado tiene la suya, yo pienso que él la perdió y se afanó la mía.
no terminan de pasar los feriados de navidades que ya estoy mirando el almanaque a ver cuando cae carnaval.
soy capaz de convocar un festival de pulgas con tal que vengan a fumigar y me den el día libre.
por las dudas, no importa que sea lo que me preguntan, respondo: "no sé, me tendría que fijar".
adopté costumbres peligrosamente sedentarias como resolver todo a través de internos telefónicos o el clásico: "después voy".
tengo mi taza y mi vaso, para tomar mi sopa y mi agua, y no me gusta que nadie la toque, ni la mueva de su lugar.
no soporto llegar y que haya gente instalada en mi escritorio. a vos te gusta llegar a tu casa y que un chulo esté acostado en tu cama? bueno, a mi no me gusta que haya uno haciendo migas en mi mesa de trabajo.
chateo en horario laboral.
pelotudeo en horario laboral.
desbloqueo páginas que bloquean para que no pelotudee en horario laboral y lo hago en horario laboral: el desbloqueo y el pelotudeo.
(continuará)

sábado, 16 de enero de 2010

todos los caminos conducen ahí

un día me bajo del bondi y voy ufando como loca rumbo al laburo. ya bajo bastante desmejorada, los pantalones pegados al culo y la remera a la espalda, a veces incluso, hace tanto calor que la remera se me pega al culo y el pantalón a la espalda... cuestión que ya aterrizo en el asfalto con pocas pulgas, lo que me viene bien considerando la nube de mosquitos que me esperan. hay una rutina inevitable que consiste en ponerme off, colgarme la mochila en la espalda, comprarme una sprite zero bien frapé que pega como piña y tomar coraje. también he de considerar lo de tomarme la sprite y comprarme el coraje, pero eso me lo dejo para el otoño. bueh, ese día, empiezo a cruzar y el camionero de turno me toca bocina pajera. sigo como si nada, acostumbrada a la admiración que despierto en el gremio. el camino para llegar a la gloria eterna es más o menos así: te bajás del bondi y enfilás un par de avenidas que tienen velocidad de ruta. hay semáforos pero, o yo perdí la capacidad de lectura de los dispositivos viales o los pibes no respetan ni a la madre, ahí ya vas encomendándote al destino mientras escuchás de fondo algunas groserías que, si no fuera por el mal humor que acumulás en la glotis, te caerían como anillo al ego. llegás al descampado de los mosquitos asesinos sin dengue relojeando que no te siga nadie, que la mochila esté cerrada, que el culo esté en su lugar, que el mosquito no te devore el brazo. andás como muy atenta a la desgracia, al punto que casi te desilusiona que no te pase nada, al menos un rayo que te parta al medio, un dengue que te intoxique. lo importante es que tu atención más atenta se concentra en la trayectoria de la camioneta que, no sabés por qué, te da la sensacion de que te viene siguiendo desde el kiosco. capaz que no es con vos la cosa pero el conductor está con la cabeza afuera de la ventanilla y mira para tu lado al tiempo que mueve la bocaza. igual, siempre todo tiene un poco que ver con las percepciones, capaz el pibe tiene calor y está puteando. me explico porque acaso no entendés porque nunca fuiste por ahí: el tipo va en auto por la rotonda -avenida-curvita-rotonda, mientras vos cruzás por descampado mosquitero en diagonal, como quién corta camino. hay una distancia importante entre la trayectoria del vehículo y la de tu cuerpo y alma pero así y todo escuchás que te chiflan y algún eco de mamita, mamaza, mamema... llegás al punto más peligroso. tenés avenidaza ruta-diagonal ruta-rotonda-ruta: vienen camiones, autos y colectivos de tres rectas distintas que convergen en un punto que bien puede ser la ruta que tenés que cruzar como vos misma convertida en punto final. es decir, va a llegar el día en el que todas las rectas convergas, digo converjan, en mi humanidad y me aplasten como a un mosquito atragantado de off. vos te parás en el cordón y apretás el semáforo peatonal. se te pone a favor y es exactamente lo mismo porque, salvo el chabón que te viene siguiendo, nadie apoya el fucking pie en el puto freno. y vos, en lugar de pensar por qué son tan hijos de puta que no paran, elucubrás por qué ese hijo de re mil putas está frenado en el medio de las tres rectas que un poquito más adelante te convergen. el re pajero está esperando para ver a donde vas. y ahí bueh, cerrás los ojos y pedís un par de deseos póstumos. yo suelo persignarme por alto reflejo mientras acomodo los breteles de la musculosa, cosa de morir con las botas puestas. pero todavía no llegó tú hora de modo que esquivás un par de veces más a la muerte y atravesás la rotonda. entonces el pajero, que es muy observador, se da cuenta de que vas a seguir derecho. porque esas tres rectas convergen en una que va para allá pero para el otro allá, para mi allá, hay otra calle-ruta que es la que entra al parque, es decir, al complejo donde trabajo. el tipo se mete en la calle-ruta a dos por hora y me dice cosas que yo no escucho porque estoy aturdida de los bocinazos, tengo los oídos colapsados, no conservo deseo alguno de oír nada y vengo puteando en tres idiomas. pajero de mierda, ojalá no se te pare nunca más, no ves que no te doy bola, idiota, enfermo, son las dos de la tarde, 40 grados a la sombra, ni aire acondicionado le pusiste a la chata y me querés llevar al parque indoamericano a culear. hacete ver. y así el tipo me pasa y cuando pensaste que por fin se cansó de insistir ves que retoma como para encararte de frente. yo no puedo terminar de comprender cuál es la parte que el tipo no entendió de que lo ignoro. hasta que por fin entro a la cárcel, tras lo cual el pajero acelera y se va devastado por el fracaso de su conquista siestera pedorra. al día siguiente lo mismo pero otro auto y al otro día igual pero una combi. al cuarto día ya me voy preparada para hacer la gran thelma and louise y matar al primer hijo de puta que se permita siquiera decirme hola pero nadie viene conmigo en la rotonda. miro hacia adelante, hacia donde siempre es bastante oportuno mirar, y observo a una mina sentada al borde de la ruta con las piernas un poco desnudas para la vastedad de mosquitos que conviven en esa zona de capital. pienso que es una puta pero no asocio con mi éxito en la zona sur del oeste. la miro como diciendo tapate un poco que estos bichos te cogen sin piedad pero como ella me mira mal sigo mi ruta sin advertirle nada. a la semana me dicen: "¿boluda, viste que acá hay parada?" parada de qué. ¿de bondi? de chicas, tarada! de putas querés decir? sí, zona roja en la puerta de la muni. ajajajajaja. medio segundo me duró la sonrisa. ¿entonces estos hijos de puta me querían pagar? ese es el momento sublime, histórico y perturbador en que los turros de la dire se quedan, por primera vez en dos años, mudos. sin nada que agregar a mi patética conclusión.

la vida en blanco y negro

un edificio insólito, en un lugar absurdo, con una seguridad nula, lejos de todo lo que antes teníamos cerca. privado de humor, vacío de contenido, carente de emoción, dispuesto para hacer un trabajo ridículo que a nadie le sirve para nada y que debe esconder motivaciones que uno desconoce, aunque puede intuir sin gran esfuerzo. un complejo metido adentro de un parque en cuyo interior, según normativa oficial y código de edificación y habilitación vigentes de la propia entidad que los agrupa, no se pueden construir oficinas… qué decirte: da para pensar en suicidarse comiendo el pasto de los jardines que nos montaron con canteritos multicolores y estrellitas de navidad, pero uno lo mismo va porque el trabajo es dignidad, siempre que llovió paró, ganarás el pan con el sudor de tu frente (y tus funcionarios pondrán cadenas de panaderías multinacionales con el sudor pero, también, de tu frente). y viva perón, carajo. ahora, hay veces, momentos nomás, como flashes repentinos, en los que yo me pregunto si perdí la cordura o me están jodiendo. resulta que lo único que teníamos para sostener la fe, la esperanza en un mundillo municipal mejor, en que solo es cuestión de acostumbrarse (a que te piquen los mosquitos, te pegué el sol de frente cuando llegás y de nuca cuando te vas, te corra la gota de sudor por la espalda en un bondi donde a todos les corre, no tengas un cajero automático a mano, salvo que estés dispuesto a donarlas, si llueve te cagás mojando y te embarrás hasta el honor) era que teníamos unos ventanales gigantes por donde se filtraba no solo una luz natural de la que carecemos absolutamente en nuestras jaulas hogareñas, sino el sol mismo pero con protección uv incluido. uno se abstraía de la realidad impuesta por unos segundos, evitaba pensar en las distancias recorridas, los derechos avasallados, las humillaciones recibidas, las amenazas proferidas, los sueldos de mierda gastados, y miraba más allá de la ventana: verde, campo, horizonte, pajaritos… con imaginación y un poco de buena voluntad, aquello, te digo, era una postal suiza, los jardines del llao llao en verano. había algunos desperfectos, que no todo puede ser pum para arriba en la viña del señor m, cuando el sol pegaba perpendicular a la jeta de los municipales, pero vamos, que uno sabe defenderse de las inclemencias generales, el municipal tiene sus recursos, qué te pensabas.
mientras esperábamos las cortinas, pensamos en americanas siempre tan prácticas _sobre todo para limpiar_, en romanas, en modernos paneles del tipo oriental… cada uno hacía su adaptación a la hostilidad como podía: gafas oscuras, papel afiche en el vidrio, pashminas pegadas con moco a los paneles, manito visera en la frente… pero ayer llegaron los muchachotes y, de pronto, la dependencia municipal se nubló, se opacó para siempre. polarizaron. sí, polarizaron todos y cada uno de los ventanales del edificio insólito. ¿no son geniales? ¿no resultaron unos cráneos que permanentemente piensan en la ecología, el ahorro de recursos no renovables, el bienestar común y del personal? todas las luces de tubo prendidas el todísimo día. del otro lado de la ventana no sabés si llueve, nieva o llegó el eclipse fatal. yo creo que algo están haciendo del aquel lado del polar y no quieren que veamos. de algún color raro se visten y no conviene que distingamos. algo extraño les pasa pero todavía no sé si es incapacidad, perversión o exquisito sentido del humor. arriesgo que es de puro jodones que son. no, si es como te avisé: si yo te digo que apretés el pomo, apretá nomás porque en la muni todo el año es carnaval. y los días de carnaval, no laburamos.